Blue Jasmine: Woody Allen ha vuelto

A Woody Allen le dio por ejercer de europeo y, aunque eso le valió el Óscar a nuestra Penélope Cruz por aquella extraña ‘Vicky Cristina Barcelona’, lo cierto es que ha tenido que volver a EE.UU. y moverse por San Francisco para reencontrarse con su propia esencia, la de aquel director de Brooklyn, el genio de los años 90.

Blue Jasmine no llega a tanto, pero desde luego nos permite reencontrarnos con Allen y con todos sus demonios, los más recurrentes y los que hacen de su cine un producto único: neurosis, pesimismo, humor negro y tragedia a lo bestia, de esas insondables que tan bien retrataba el maestro William Shakespeare.

blue jasmine rodaje

Junto a una Cate Blanchett de estatuilla, la película nos ofrece una vertiente del cine de Allen con componentes mucho más europeos que todas las milongas rodadas en Barcelona o Roma. Claro que Blanchett es mucha Blanchett, en el papel de burguesa desquiciada por los celos y la humillación de la pérdida del estatus.

Pero no es solo ella. El reparto de Blue Jasmine es magistral. Tanto, que hasta el propio Alec Baldwin ha encontrado su lugar y ni siquiera desentona. La última de Woody Allen, no llega a la genialidad de aquellos diálogos de los 90, pero sin duda es lo mejor que le hemos visto desde hace mucho tiempo.

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