Curiosidades sobre los puros

Desde el comienzo de la venta del tabaco, hay personajes que, inevitablemente, asociamos con él. Éste es el caso de Fidel Castro, Groucho Marx y Gilbert Keith Chesterton. El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, otro fumador empedernido, habla en el libro Puro humo de los nombres con los que se conocen los puros: cigars, en inglés; tabacos, en muchos países de Hispanoamérica; o habanos, por la procedencia de las hojas.

Luego hay vocablos propios para cada variedad, según su forma y tamaño. Por ejemplo, el perfecto es un cilidro largo que se va estrechando desde el centro hasta los extremos; la panetela -también llamada bise o bizcocho-, un cigarro recto y largo, cortado por uno de los extremos; el parejo presenta el mismo grosor de punta a punta, y ambos extremos abiertos; el cetro, o torpedo, adquiere una forma puntiaguda; y el margarita es un purito pequeño y recto, casi del tamaño de un cigarro.

Puros Habanos Montecristo

Y qué decir del Churchill, así denominado en honor al político británico, consumidor compulsivo de habanos. Se trata de un cigarro recto, con el borde redondeado y enorme. Por su parte, el Rothschild -corto, grueso y robusto- era el favorito del banquero de quien tomó su apellido.

Otro ilustre fumador fue Alejandro Dumas padre. Cuando los cigarreros, que escuchaban la lectura de su Conde de Montecristo mientras trabajaban, le propusieron dar su nombre a una marca, Dumas aceptó encantado. Por eso, uno de los habanos más conocidos y caros se llama Montecristo. El novelista francés recibió una caja con los primeros que se elaboraron, poco antes de morir.

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