Guerlain y su nuevo vestigo negro

Se siente en el aire un aroma cuando se pronuncia el nombre de Guerlain. Huele París, huelen los Campos Elíseos, huele el 14 de julio, huele la Place Vendôme y La Ópera. Ese aroma inconfundible a los placeres de la vida, al gran Bazaar: comida suculenta, museos lujuriosos, hoteles espléndidos y noches infinitas. Y ese olor tiene indudablemente que ver con la casa por excelencia del aroma francés en el mundo: Guerlain.

Los tiempos pasan muy deprisa pero la memoria olfativa permanece y quizá much@s lector@s recuerden aquellos caprichoso frascos de cristal posados ante el espejo de la alcoba materna, aquella filigrana dibujada en el vidrio y aquel aroma indudablemente francés que llenaba la estancia. Pero hoy Guerlain quiere batir esa nostalgia de los tiempos pasados y se reinventa poniendo el acento de nuevo en la historia y proyectando su cuerpo de bailarina en un arabesco sobre en el escenario.

La Petite Robe Noire (el vestidito negro) es una declaración de elegancia, una apuesta al negro, una sombra danzarina que se acerca en la noche, una mujer que sale por la puerta de la habitación convencida de que esa noche va a reinar en París. La casa francesa ha pedido la colaboración de dos ilustradores franceses, el tándem formado por Olivier Kuntzel y Florence Deygas para imprimir un nuevo concepto de elegancia al movimiento.

La Petite Robe Noire es una señorita presumida y coqueta, una parisina de pedigrí que huele a medianoche.

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