Este verano que no falte la buena lectura

La broma de Milan Kundera (Tusquets) se reedita. Una historia de amor y una chanza inoportuna tejen una de las grandes novelas europeas de los últimos decenios. Al otro lado del espejo, en los Estados Unidos, conviven dos libros muy americanos. Una novela negra que impresiona por su sentido del humor: Confesiones verdaderas (Mondadori) de John Gregory Dunne. Y Todo el tiempo del mundo, de E.L. Doctorow (Miscelánea), que nos enseña la técnica del relato con un ramillete de historias publicadas, muchas de ellas, en The New Yorker.

Dos apuestas femeninas son la siempre reconfortante lectura de la escocesa Muriel Spark que en Los solteros (Impedimenta) recrea el inimitable ambiente londinense con unos tipos humanos muy singulares y maniáticos y, dando un salto en el tiempo, la belga Amélie Nothomb que en Una forma de vida (Anagrama) recrea un idilio fantástico entre un soldado americano y la propia escritora.

Para los amantes de la vida más bohemia y de las canciones que hablan de la soledad y del fracaso dos tragos elegantes: Memorias de un tramposo de Sacha Guitry (Periférica) y las enormes canciones del líder de la banda Magnetic Fields, Stephen Merritt cuyas letras son editadas por Contra. Hurgan también en los márgenes y la heterodoxia dos magníficos ensayos: La acera de enfrente (Errata naturae), un álbum de tipos duros de la vida dueños de una lenguaje simbólico propio.

Pero si quieren amor del bueno y altas temperaturas emocionales dos consejos: Los enamoramientos, de Javier Marías, y Blonde, el gran tapiz que Joyce Carol Oates teje en torno a la trágica figura de Marilyn Monroe.

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