Un bocado de oro

Un bocado de oro en tu boca, literalmente hablando, porque traemos hasta Sibaritalia la última delicatessen para los gourmets más exigentes, el oro que se come. La moda comenzó hace unos años, cuando un excéntrico millonario quiso agasajar a su mujer durante la celebración de San Valentín.

La amada esposa ya tenía cuanto podía comprar el dinero, así que su enamorado marido tuvo que agudizar el ingenio para demostrar su pasión con algunos toques de originalidad. Y lo consiguió, fue con una pizza con caviar bañado en champán y virutas de oro.

No sabemos cuál fue la reacción de la “adorada” esposa, pero lo cierto es que a partir de ese momento el oro comenzó a subir la cotización de los fogones más reconocidos y se originó una cocina denominada de kilates. Así el codiciado metal acabó como condimento de ingredientes tan sugerentes como las fresas, el chocolate, el foie gras,  el sushi o el champagne.

Sushi con cobertura de oro

De todos modos, dicen los entendidos en la dorada vena culinaria que el oro siempre fue empleado en la cocina y se elevan en la historia nada más y nada menos que hasta la mismísima Biblia, asegurando que el propio Maná llevaba virutillas de doradura o que Alejandro Magno fue recibido en Jesusalem con unos panecillos con corpúsculos de oro.

Sea como fuere la idea está siendo llevada a cabo en la actualidad por los chefs de la Haute Cuisine, que se esmeran en cubrir bocados para aquellos paladares que pueden permitirse el lujo de saborear exquisiteces de 23 kilates. Por cierto, tampoco es tan caro, unos 0,30€ el miligramo y ya existen empresas como Orogourmet o Genuine Gold, dedicados a la distribución de este producto.